Trasplante Cardíaco – Juan José

Juan José: un regalo de Navidad

En la Navidad de 2013 trasplantábamos a Juan José quien recibió de regalo el corazón que esperaba, así lo reflejo el diario La Nación en su nota : SUEÑOS DE NAVIDAD: «me siento de 20».

Repercusión Nacional

Sueños de Navidad: el primer festejo de una vida que vuelve a empezar

Esta noche todos ellos celebran que 2015 les regaló lo que tanto esperaban: salir de la cárcel convertido en jugador de rugby, adoptar dos hijos después de varios años de espera o recibir un trasplante de corazón

Miércoles 23 de diciembre de 2015

La hora del balance: las Fiestas son tiempo de sumas y restas; de pasar en limpio lo que quedó atrás, las metas alcanzadas y las pendientes; de dar gracias y proyectar. Pero, además, para algunos argentinos, esta Navidad tiene un sentido particularmente especial: será la celebración de lo que consideran «una vida nueva». En 2015, su existencia dio un vuelco: en algunos casos, imprevisto; en otros, muy esperado; en todos, definitivo.

«Me siento de 20»

Juan José Morandi tiene 48, pero asegura: «El 25 de diciembre del año pasado volví a nacer». Mira para atrás y recuerda la tarde de domingo de 2010 en que tuvo su primer infarto. Y cuatro años después, un segundo. «Empecé con unos dolores insoportables en la boca del estómago, pensaba que era acidez. Al día siguiente no toleré más el dolor y fui al hospital. Ahí mismo me internaron en terapia intensiva. Los médicos creyeron que no pasaba la noche», cuenta Juan José, que es remisero y vive en Merlo. Estuvo varios meses internados en el Hospital Héroes de Malvinas de Mero, y después en El Cruce de Florencio Varela. «Mi corazón se venía cada vez más para abajo y empezaron a fallarme los riñones, el hígado, los pulmones. Necesitaba un trasplante. No me sorprendió: mi viejo falleció a los 40 de un infarto.»

Y empezó la espera. Estuvo con asistencia circulatoria y mecánica, y cuando parecía que estaba «por pasar del otro lado», llegó la noticia esperada: fue el 25 de diciembre pasado. «A las 10 de la noche entró un médico al cuarto y me dijo: Llegó lo tuyo. Tuve un alivio y una paz que no había sentido nunca.» Cuando despertó a las 12 del día siguiente, un nuevo corazón latía en su pecho. «La médica me puso el estetoscopio para que escuchara mi corazón. ¡Fue una cosa de locos! Dije: Este no puede ser mío. El otro, sobre el final, ya casi ni se escuchaba.»

Para el festejo de esta noche rechazó cuatro invitaciones: eligió pasarla sólo con Eliana, porque sigue una dieta estricta y prefiere evitar tentaciones. «Mi mujer estuvo conmigo desde el primer momento: le tengo que hacer un monumento», asegura con la voz entrecortada por la emoción. «Esta Navidad, la primera tras el trasplante, voy a acordarme de todos los que hicieron posible que hoy esté acá: de Dios por esta segunda oportunidad que me dio, de los doctores, las enfermeras… Pero, sobre todo y aunque no sé nada de él o ella, del donante.» ¿Deseos? Muchos: «Nos gustaría comprar un auto y un lotecito, porque alquilamos una casilla de un muchacho amigo. Queremos salir adelante: tengo una fuerza y un ánimo que no había tenido nunca, me siento un pibe de 20».

 «Somos cinco»

Había sido en 2010, dos años después de que nació Benjamín, su primer hijo, cuando ella y Gabriel decidieron agrandar la familia. «Pero no pasaba nada, o me quedaba embarazada y lo perdía. Durante cinco años hicimos tratamientos de fertilización asistida.» En 2013 empezaron con los trámites de adopción.

En 2014, ella había dejado su trabajo en el Hospital Alemán para trasladarse a una salita de San Miguel, a pocas cuadras de su casa. «Un día me piden ver a un bebe, que tenía algunas pautas retrasadas para su edad: era Pato. Me contaron que vivía en un hogar junto con su hermanita, Maitena. A partir de entonces me convertí en su pediatra», dice Florencia. «Le contaba mucho a mi marido sobre ellos, y le decía: ‘Si alguna día nos llaman para decirnos que nos salió la adopción, ojalá que sea por Maitena y Patricio’. Yo soy creyente y se lo pedía a la Virgen. Cuando la jueza los nombró, sentí una paz enorme y pensé: era el destino. En ese momento encajó todo.»

El 16 de octubre, después del período de vinculación, en el auto volvieron cinco: «Habíamos dejado de ser tres», dice Florencia, que está de licencia por maternidad. En su falda, Maitena sonríe de oreja a oreja, mientras a unos pasos juegan Benja y Pato, que grita reclamando atención: «¡Mamaaaaaaá!» La de hoy será su primera Navidad juntos. En el living está el arbolito que armó la familia, y en la chimenea, al lado del pesebre, las cartitas que los nenes le dejaron a Papá Noel.

Maitena y Pato tienen además dos hermanos biológicos, que fueron adoptados por un matrimonio que vive a pocas cuadras de su nueva casa: ambas familias se ven cada diez días. «Tenemos mucho para agradecer esta noche: la oportunidad que nos dio la vida y Dios de poder volver a cuidar y criar más hijos, de agrandar el corazón. Me gustaría que nuestra historia sea un empujón para esas personas que están pensando en adoptar», concluye Florencia.

«Estoy afuera»

El mismo jueves en que Florencia y Gabriel recibieron aquella llamada tan ansiada, Víctor el «Negro» Gauna salió en libertad, tras cumplir una condena de cinco años. Mientras toman mate en la puerta de la casa que con mucho esfuerzo levantaron sus suegros, Alejandra y Ricardo, en Grand Bourg, y donde vive con esa compañera «de fierro» que es Cinthia, su esposa, y Benjamín, su hijo de 5 años; recuerda la primera vez que entró en el pabellón 8, conocido en la Unidad Penitenciaria Número 48 de San Martín como Esparta. Allí, en las fotos que colgaban de las paredes, reconoció a pibes con los que se había cruzado en otras cárceles, en algún juzgado o en camiones de traslados: las imágenes los mostraban «afuera», disputando partidos de rugby en canchas donde el césped tan cuidado le pareció una alfombra de lujo. En las gradas, los familiares los alentaban; al aire libre, sin esas rejas y paredones que a él lo oprimían a diario como un cinturón demasiado ajustado. «Pensé: Yo también quiero eso. Hasta ese momento, nunca había pertenecido a un lugar del que mi familia y amigos pudieran sentirse orgullosos de mí», confiesa Víctor, de 33 años.

El Negro conoció lo que era una cárcel en 2000, cuando «cayó» por un robo calificado y agravado por el uso de arma. Salió en 2007, pero el 15 de junio de 2010 volvió a quedar tras las rejas. Pasó por distintos penales, hasta que en noviembre de 2012 llegó a la Unidad 48. Un martes cualquiera su vida dio un vuelco definitivo: conoció al equipo de rugby que integran los presos que conviven en el pabellón 8, los Espartanos. «Un día vino Coco, el fundador y entrenador del equipo, y me convenció. A partir de entonces no dejé de entrenar: me dijo: Vos naciste para esto, Negro.»

Y es que el Negro era uno de los pesos pesados de la cárcel, pero el rugby lo dio vuelta como un guante. Cuando lo invitaron a «mudarse» al pabellón Esparta se propuso que sus integrantes dejaran «la pastilla» (la droga) y que entrenaran a diario. No se perdía el rezo del rosario los viernes, se convirtió en el capitán del equipo y en un líder ejemplar: le dicen Leónidas, como el mítico rey de los Espartanos.

El 1° de octubre, a Víctor lo fue a buscar al penal su suegro (en el auto que su familia compró para seguirlo a todos los partidos), y un grupo de amigos entre los que estaba Coco. El Negro se prepara para pasar la primera Navidad de su vida con su hijo Benja, su mujer (que estaba embarazada de tres meses cuando a él lo detuvieron), sus suegros, cuñados y sobrinos.

Admite que se siente «raro» de estar «afuera» y con sus seres queridos: «Siempre fui muy solo. Pasé muchas Navidades en la cárcel o, cuando estaba en libertad, con algún amigo. Pero esta vez vamos a ser como 13 personas». Alejandra, la mujer de Víctor, asegura: «Este año hay mucho para agradecer: estamos orgullosos de todo lo que logró mi marido». Él recibirá esta fiesta como un hombre nuevo: «Le agradezco a Dios y mi familia por ayudarme a seguir de pie en mi nueva vida de Espartano y buena persona», concluye.

Hoy trabaja en un negocio de restauración de muebles y está por ingresar a una fábrica de ropa. «Sigo yendo los martes a entrenar al penal. Ahora nuestro objetivo es que Esparta sea formalmente un club: me propusieron a mí como presidente», sostiene.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1857119-suenos-de-navidad-el-primer-festejo-de-una-vida-que-vuelve-a-empezar

El cirujano cardiovascular Marcelo Nahin contó sus experiencias en A Vivir

El cirujano Marcelo Nahin contó sus expriencias laborales en Radio Continental.

Comments are closed.